Un
bestiario (o
bestiarum vocabulum) es un compendio de
bestias. Se hicieron muy populares durante la
Edad Media en forma de
volúmenes ilustrados que describían animales, plantas ó motivos orgánicos de la naturaleza. La
historia natural y la ilustración de cada una de estas bestias se solía acompañar con una lección moral, reflejando la creencia de que el mundo era literalmente la creación de
Dios, y que por tanto cada ser vivo tenía su función en él. Por ejemplo, el
pelícano, del que se creía que se abría su propio pecho para dar vida a sus polluelos con su propia sangre, era, a través de su sacrificio, una viva representación de
Jesucristo. El bestiario, por tanto, es también una referencia al lenguaje
simbólico de los animales en la
literatura y el
arte cristianos de occidente.
Un gran número de criaturas legendarias fueron imaginadas por vez primera en los valles mesopotámicos entre los ríos Tigris y Éufrates. Luego, desde aquellas culturas, con frecuencia se difundieron en oriente y occidente. Es el caso del Ave Fénix, por ejemplo, o la serpiente de varias cabezas que puede identificarse en la iconografía de diferentes civilizaciones. Algunas bestias mitológicas se caracterizan por reunir atributos animales y humanos, otras, quizá incluso más "monstruosas" reúnen simbólicamente la combinación de dos especies animales.
LIBROS ILUMINADOS
En los talleres de los monasterios medievales, los monjes se ocupaban de casi toda tarea artística e industrial practicada en la época; además de la arquitectura, escultura y pintura, trabajaban como orfebres y esmaltadores, tejían sedas y tapices, fundían campanas, encuadernaban libros, fabricaban vidrio y cerámicas. Algunos monasterios llegaron a ser verdaderos centros industriales recibiendo encargos de sus productos de otras iglesias y cortes señoriales de toda Europa; también constituían las únicas "escuelas de artes y oficios" existentes, donde aprendían el oficio artistas y operarios libres, gente errante que hallaba ocupación en otros monasterios, sedes episcopales y cortes feudales. Pero el arte por excelencia de estos centros era la copia de manuscritos. En cada monasterio había una biblioteca con salas de copia, scriptoria, donde se copiaban los libros y luego se intercambiaban con otros monasterios. Los libros copiados eran fundamentalmente libros religiosos: Biblias, Evangeliarios, Libros de Oraciones. Pero también, donde se encontraba alguna obra de la antigüedad, era copiada y preservada. Así llegó hasta nosotros la mayor parte de la rica tradición filosófica y literaria greco-romana.


LETRA CAPITAL
En una obra escrita o publicada, una
letra capital o
letra capitular o simplemente
capitular es una letra que aparece al inicio de la obra, de un
capítulo o de un
párrafo y que tiene un tamaño mayor que las del resto del texto. En
latín,
initialis significa «permanecer al principio». A menudo, para destacarse, las letras capitales ocupan varios
renglones de alto, y en ocasiones en los manuscritos más antiguos aparecen muy
ornamentadas.
Las capitales historiadas que contienen, por lo general, espirales en forma de plantas, con pequeñas figuras de animales u hombres que no representan una escena específica, son conocidas como «capitales habitadas». Según los motivos decorativos, también puede hablarse de «capitales figurativas» o en otros casos, simplemente, de «capitales ornamentadas». Ciertas capitales importantes, como la B de
Beatus vir ... en la entrada del
salmo 1 al comienzo de una
vulgata de
salterio, podría ocupar una página entera de un
manuscrito.
Estas letras iniciales capitales específicas, en un manuscrito iluminado, también eran llamadasinitiums.